La actividad física: El recurso natural indispensable para estar sano

  Por Néstor Sánchez  /  

La actividad física no solo una herramienta para mejorar nuestra salud sino que no podemos tener salud si no nos movemos.

Los datos actuales son claros en este respecto. Según la OMS el cuarto factor de riesgo de mortalidad es el sedentarismo siendo la falta de actividad física responsable de la muerte de 3,2 millones de personas. A su vez, a partir de edad adulta el sedentarismo aumenta exponencialmente el riesgo de sufrir una patología crónica.

Sí amigos, aquí no se cumpliría la conocida frase hecha de lo que no mata engorda pues el sedentarismo mata y engorda.

Pero porqué nos afecta tanto? Como es posible que con las ganas que tengo de llegar a casa y tumbarme en el sofá a comer patatas fritas eso sea malo para mi.

Estamos seleccionados para realizar actividad física

Cómo hemos hecho en múltiples ocasiones, para entender la importáncia de la activiadad física sobre nuestra salud debemos recurrir al discurso evolutivo. Desde una perspectiva evolutiva, el movimiento ha convivido siempre con nosotros y nos ha asegurado la supervivencia.  De hecho el ser humano sufrió una potente presión selectiva relacionada con su capacidad de movimiento en comparación con el resto de primates. Básicamente los cambios climáticos que ocurrieron durante el desarrollo del homo sapiens unidos a la altísima demanda energética de nuestro cerebro implicaron que tuviéramos que aumentar el territorio a recorrer para conseguir nuestro sustento.

Tan asociada estaba la actividad física al éxito a la hora de conseguir sustento que nos fuimos  seleccionando para ser muy buenos en ello:

  • Nos seleccionamos para termorregular mejor que cualquier otro mamífero con una capacidad para sudar 4 veces mayor y así  poder movernos largas horas a altas temperaturas.
  • Acortamos nuestros dedos para reducir el coste energético en carrera.
  • Desarrollamos una gran flexibilidad metabólica para apoyarnos durante la actividad.

Todo ello para poder perseguir durante más tiempo a nuestras presas y aumentar nuestro territorio de recolección.

Sabemos además que entre un 40 y un 50% del peso de nuestros ancestros era músculo y un 10% grasa.

Teníamos pues una proporción muscular solo comparable a los actuales deportistas de élite y cabe destacar que unos niveles de tejido adiposo bastante elevados si los comparamos con el resto de mamíferos.

Estas proporciones no son casualidad. 

Dado nuestro crecimiento cerebral debíamos alimentar a un órgano energéticamente carísimo y para ello se hizo necesario recorrer grandes extensiones de terreno en busca de alimento y por tanto necesitábamos músculo. Una vez encontrado el sustento debíamos asegurarnos un buen almacenaje para momentos de carencia y por tanto necesitábamos tejido adiposo suficiente.

La clave de este proceso es entender que el tejido adiposo es un verdadero órgano endocrino con capacidad de producir sustancias proinflamatorias y disruptores metabólicos que impiden la captación de los nutrientes por otros órganos (ver figura de la izquierda). Y que por tanto un exceso de grasa nos llevaría a enfermar.

¿Pero cómo? ¿Nos seleccionamos para desarrollar un tejido que nos inflama que nos enferma? 

Sí pero porque a su vez desarrollamos el antídoto. Una cantidad suficiente de músculo.

El músculo, tal y como muestra la imagen, es un órgano con una alta capacidad para contrarrestar el potencial inflamatorio que tiene el tejido adiposo. De hecho tiene mucha lógica, nos movíamos para conseguir comida generando un estado antinflamatorio capaz de tamponar el efecto proinflamatorio propio de la comida y del aumento de grasa.

Actualmente no nos movemos y comemos alimentos que nos engordan y nos inflaman. Tenemos mucha grasa y poco músculo para contrarrestarla por lo que con facilidad entramos en un estado corporal proinflamatorio que nos puede ocasionar males tan diversos como una diabetes, una alergia o una depresión.

La actividad física no es pues una manera de ganar salud sino algo indispensable para no enfermar.

Un esquema ejemplificador del efecto de la actividad física sobre la inflamación lo presenta Pedersen en la revista Nature:

actividad física y su efecto en la salud Pedersen

Espero haber podido transmitir alguno de los aspectos que hacen tan indispensable la actividad física  y que llegados a este punto, simplemente dejen de leer cojan, la lanza y vayan en busca de un mamut. Nos vemos en el bosque.

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